La escena es bastante habitual: la instalación no alcanza el ritmo previsto y alguien plantea añadir otro vehículo.
Puede ser la decisión correcta. O puede conseguir que tengamos un AGV más esperando en el mismo cruce.
Porque la capacidad no depende solo del tamaño de la flota. También depende de las rutas compartidas, las prioridades, los puntos de carga y descarga y de cuándo coinciden las solicitudes de transporte.
Antes de ampliar la flota, preferimos probar qué ocurre cuando:
- aumenta la demanda;
- varios transportes reclaman el mismo recurso;
- cambian los tiempos de servicio;
- o una ruta queda bloqueada.
La simulación permite separar una falta real de vehículos de un problema de flujo. Parece un matiz. En la inversión, no lo es.
Si mañana aumenta tu ritmo de producción, ¿sabes dónde aparecerá primero la cola?
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Quién lo hizo